Entrevista realizada por Lucía Camargo Rojas y Margareth Figueroa, Equipo de Comunicación del CINEP

Revista Cien Dias: ¿Nota algún cambio en materia de paz y negociación con los grupos armados, especialmente con las guerrillas, en gobierno Santos con respecto a gobierno Uribe?

MV: No hay cambios fundamentales en términos de las condiciones. Se mantiene el discurso de Uribe en cuanto a que la guerrilla tiene que mostrar hechos. En eso Santos mantiene la misma lógica. Pero sí ha habido un cambio muy importante porque se ha des-radicalizado el ambiente. Además, hay una diferencia grande, y es que el presidente aclaró que si va a haber un tema de la paz, que yo todavía no lo veo muy claro, lo manejará él. Es decir, será una gestión exclusiva del presidente, distinto a como se manejó en el gobierno anterior. Eso permitirá no generarle ruido a los procesos, ni tantos intereses y personas con agendas propias que puedan interferir en cualquier eventualidad.

¿Cree que la ley de víctimas y tierras que está promoviendo el gobierno Santos le apuntan finalmente a la posibilidad de paz con los grupos armados, especialmente con las guerrillas?

MV: La ley de víctimas no se puede entender como una ley para hacer la paz con los grupos armados. Se hace porque este país tiene una enorme cantidad de víctimas con las que el país tiene una deuda muy grande. Creo que esa es una iniciativa de justicia social que pasa por encima de la agenda de paz con los grupos armados. Esa iniciativa no necesariamente afecta la negociación con los grupos. Es más, no veo al país muy inclinado a aceptar que el gobierno se siente a negociar una ley de víctimas con las FARC.

Además de la ley de víctimas y tierras, ¿qué otras reformas considera usted necesarias para “aclimatar” un posible diálogo con los grupos armados?

MV: En esas negociaciones hay dos agendas. Una es la de las reformas y la otra es la de los intereses individuales de quienes se están desmovilizando. Entonces, en esa agenda pública hay varias consideraciones que no son solamente la de las reformas que el país requiere y los reclamos históricos de la guerrilla sino qué está dispuesta la sociedad a aceptar como agenda. Y eso pasa, obviamente, por qué tan legítimos son esos grupos para la sociedad. Actualmente en el ámbito nacional las Farc presentan una crisis de legitimidad.

Entonces esa es una pregunta que no es fácil de responder ni yo veo muy claro cuál sería esa agenda que el país aceptaría. Quizás el gobierno tendría que empeñarse en tratar de dilucidar cuál sería la agenda posible.

¿Cree que las FARC y el ELN estarían dispuestos a establecer un diálogo de paz? ¿En qué condiciones? ¿Por qué?

MV: La lógica de que sentarse a negociar a cualquier precio se perdió después del Caguán. Aquí no volverá a haber ese escenario para la guerrilla. Ni el escenario de las negociaciones que se hicieron con las guerrillas a principios de los 90 en los que se dio favorabilidad jurídica y política. El problema es cómo lograr encontrar unos incentivos políticos y jurídicos adecuados, o que sean aceptables para estos grupos y para el país, y una agenda política de interés para las Farc. Me parece que es muy difícil pero no imposible. Soy una convencida de que esa sigue siendo la salida por la cual tenemos que trabajar pero sin romanticismos, porque esto no es solamente una cosa de voluntades.

¿Considera usted que luego de ocho años de seguridad democrática nos encontramos en un nuevo escenario del equilibrio de Fuerzas Militares y Políticas? ¿Qué implicaciones tiene eso en las condiciones de un nuevo diálogo con las FARC y el ELN?

MV: Hoy en día las Fuerzas militares y de Policía sí están mucho mejor preparadas que hace quince años. Hay una ventaja muy grande e irreversible. El problema es que independiente de esa superioridad militar, que es absoluta y evidente, las Farc todavía tienen mucha capacidad de daño en muchas zonas del país. Pese al continuo asedio al que la organización está sometida, mantiene todavía una línea de mando que no es menor. Creería que si se termina de descomponer al secretariado la organización se dispersaría y probablemente se generaría un problema criminal grande.

¿Cree que la opinión pública ha cambiado su percepción acerca de un posible diálogo con los grupos armados en este último año? ¿Cree que la opinión pública está lista para ver un diálogo de paz con los grupos armados?

MV: Creo que hay dos niveles en cuanto a un posible cambio de opinión. Uno es el nivel de los líderes de opinión. Ahí se está empezando a hablar mucho de la negociación como una posible salida. Pero ese cambio no se da en la opinión pública general.

No hay nada que odien más los colombianos que las Farc. En ese sentido, ha habido un cambio en los líderes de opinión que no se refleja en la opinión generalizada. No creo que la opinión pública esté lista para ver un diálogo de paz. Hay que hacer una tarea de preparación en la que los líderes de opinión ayuden a empezar a generar la conciencia. Todavía está en el ambiente el modo uribista de catalogar a esas organizaciones y eso hay que superarlo.

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